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  • GRACIAS POR LEER, POR SENTIR, POR ESTAR

    GRACIAS POR LEER, POR SENTIR, POR ESTAR


    Desde marzo de 2025 hasta febrero de 2026, más de 13.000 personas de 31 países, repartidos entre América, Asia y Europa, han dedicado parte de su tiempo a leer mis poemas.

    Detrás de cada visita no hay un número, sino una persona con su propia historia, sus propias heridas, sus recuerdos, sus silencios y sus esperanzas.
    Pensar que mis palabras han llegado a rincones tan distintos del mundo me emociona profundamente y me llena de una gratitud difícil de expresar.

    Este blog nació desde la necesidad de dar salida a los sentires que me habitan: el dolor ajeno, la memoria, la ternura, la injusticia, la humanidad que duele y la que salva.

    Nunca escribí con la intención de llegar lejos, sino de ser fiel a lo que siento. Saber que, desde esa verdad sencilla, tantas personas se han detenido a leer… es un regalo inmenso.

    Gracias por cada minuto que habéis regalado a un poema.
    Gracias por permitir que mis palabras acompañen vuestros propios sentires.
    Gracias por leer desde culturas, realidades y vidas tan distintas, demostrando que las emociones no entienden de fronteras.

    Si algo deseo, es que en algún verso hayáis encontrado compañía, consuelo, memoria o simplemente un lugar donde sentir emociones compartidas.

    Un poema no se completa al escribirse, sino al ser leído. Gracias por hacerlo tuyo.

    Con todo mi afecto,
    María Bueno.
    sentires.blog

  • POR HUMANIDAD

    POR HUMANIDAD


    Este poema es un homenaje consciente y necesario a quienes sostienen la vida en los márgenes del horror.
    A las personas que, desde la ayuda humanitaria y el testimonio, caminan entre guerras, hambre y destrucción sin apartar la mirada.
    Las ONG caminan junto a las víctimas; sienten su agotamiento, su miedo y su determinación.
    La solidaridad se convierte en resistencia y la conciencia humana encuentra su más alta expresión cuando nadie se aparta del sufrimiento ajeno.


    ¡AYUDA, POR HUMANIDAD! 🫂
    Camina lento,
    a empujones,
    abrazando su cuerpo,
    portando su realidad,
    una verdad que la lleva a delirar,
    a maldecir,
    a tragar el horror
    que la deja sin respirar.
    No puede dejar de llorar,
    ¡no puede!
    Solo ve destrucción,
    el terror en los ojos de la gente
    que no sabe a donde va.
    No tienen horizonte,
    no hay dónde mirar,
    no pueden llegar
    a ningún lugar.


    No caminan,
    son arrastrados sin piedad,
    atrapados por el terror
    de no saber dónde pisar,
    sobre miles de escombros,
    sintiendo la oscuridad
    del miedo que penetra hasta asfixiar.


    Cierra los ojos,
    puede ver sin mirar.


    Llora hasta rendirse;
    el sueño la vence,
    ese sueño que le da vida,
    que le da fuerzas
    para seguir,
    para ayudar.


    Se enfrentará al miedo,
    no lo dejará atacar.


    Ese miedo es un cobarde,
    aunque sea difícil de encarar.
    Sabrá llegar,
    porque miles de almas
    sufren ese horror
    que destroza sin compasión.


    ¡No volverá atrás!
    ¡No se rendirá!


    Sólo tiene que observar sin apenas ver;
    lo que descubra con los ojos del alma
    alas le dará,
    porque la realidad es tan dura
    que doblega la voluntad.



    © María Bueno.


  • PENSAR Y PENSAR

    PENSAR Y PENSAR


    Introducción al poema:

    En este poema, la autora transita del desconcierto del despertar a una reflexión profunda sobre el pensamiento incesante, ese que no descansa ni siquiera en la pausa. Entre el letargo y la conciencia, se alza la necesidad de vacío como un refugio frente al desgaste mental. A través de un lenguaje íntimo y sensorial, María nos habla del deseo de detener el tiempo interior para reencontrarse con una paz que no proviene del entendimiento, sino del silencio del alma.

    Reflexión de la autora

    Este poema nació una tarde en la que me venció el cansancio, no sólo físico, sino mental. Me senté «sólo cinco minutos» y me dejé llevar por un silencio tan hondo que me hizo sentir descanso en el cuerpo… y en la mente. Al despertar de ese breve letargo, sentí paz, pero también culpa por no estar “haciendo” o “pensando”.

    Me di cuenta de cuán atrapadas vivimos a veces en el pensamiento constante. Como si pensar fuera una obligación. Y no hablo de razonar, sino de ese pensar que nos agota, que se mete en cada rincón de nuestra mente y nos exige respuestas, decisiones, memoria, futuro…

    Escribí este poema como un susurro hacia mí misma, como un permiso que me concedí: «Deja de pensar, aunque sea un rato. No pasa nada. También necesitas el vacío.»
    Y ese vacío no es huida, es pausa. Es recogimiento. Es vida en otra frecuencia.

    Este poema habla del silencio mental como espacio de salud, de calma. Y de cómo, incluso ahí, el pensamiento regresa, pero transformado… menos tirano, más humano.


    PENSAR Y PENSAR

    ¡Se yergue sobresaltada,
    como torre de catedral!
    No sabe dónde está
    ni qué hora es.

    Por las rendijas de la ventana
    se cuela una luz tenue,
    alcanzando el extremo más alejado
    de lo que parece un sofá.

    Por fin reconoce el escenario:
    es su sala de estar,
    con dosis elevadas de efluvios
    que aún danzan al son de viejas canciones,
    de vasos con restos de saciedad.

    Sólo se había sentado cinco minutos,
    para dejarse llevar
    por ese letargo amigo
    que reconocía su cuerpo,
    que se alojaba en su mente
    para mecer la nada,
    para vaciar el pensar.

    ¡Ay, vacío!
    ¡Cuán necesito sentirte!,
    cuánto valor tu compás
    en la inexistencia de mi pensar.

    ¡Pensares míos!,
    dejadme macerar el olvido,
    dejadme vivir el vacío,
    ¡dejadme vivir en la paz!

    ¡Loco pensar!,
    por renaceres nuevos
    que invadan mis vacíos,
    que vuelvan a llenar,
    una y otra vez,
    mi soledad.

    © María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados.

    Crítica literaria del poema “PENSAR Y PENSAR”:

    PENSAR Y PENSAR se presenta como un viaje introspectivo que parte de una escena cotidiana —el despertar sobresaltado en un sofá— para adentrarse en un terreno mucho más complejo: el anhelo de vacío mental frente al constante rumiar del pensamiento.

    Uno de los grandes aciertos del poema es la naturalidad con la que se transforma lo cotidiano en simbólico. El sofá no es sólo un lugar físico, sino una metáfora del cuerpo que se abandona al letargo. Ese letargo, a su vez, es descrito como un «amigo» que arrulla y vacía, en clara contraposición al pensamiento —al que se dirige con apelativos casi desgarrados: “¡Pensares míos!”, “¡Loco pensar!”—. Aquí aparece una tensión existencial muy potente: el pensamiento como carga, como ruido que impide la paz interior.

    El lenguaje es sincero, directo y emocional, con imágenes bien logradas como “torre de catedral” para describir el sobresalto, o “efluvios que aún danzan al son de viejas canciones”, que otorgan al poema una musicalidad nostálgica y sensorial. Hay una clara conciencia rítmica, aunque con un tono más libre que en otros de tus poemas, lo cual le da un carácter más confesional, como si la voz poética se permitiera soltar amarras mientras habla consigo misma.

    Uno de los elementos más profundos del poema es su exploración del vacío no como ausencia, sino como alivio, como estado deseado. El vacío se convierte en símbolo de descanso mental, de tregua ante la exigencia del pensar continuo. Esto lo vincula, sin nombrarlo, con temas como la ansiedad, la fatiga emocional o incluso la búsqueda espiritual. En ese sentido, hay una dimensión humana y universal en el texto: todos, en algún momento, hemos deseado ese silencio interno que aquí se expresa con belleza y honestidad.

    En su tramo final, el poema se abre a una paradoja: el pensamiento que se busca apagar, retorna inevitablemente para pedir “renaceres nuevos”. Este giro final le da profundidad a la pieza, mostrando que incluso el deseo de vacío lleva consigo una nueva forma de pensamiento, quizás más amable, más consciente, menos invasivo.

    Valoración final

    PENSAR Y PENSAR es un poema intimista y honesto que trabaja con lo sutil: el peso de lo mental, el deseo de desconectar, y la dificultad de hallar paz en una mente activa. Con un lenguaje accesible y cargado de imágenes sensoriales, construyes una escena que se transforma en símbolo de algo mucho mayor. Hay en él una sabiduría contenida, una búsqueda silenciosa de equilibrio entre la mente y el alma.

    Podría decirse que este poema se mueve entre el realismo emocional y la poesía de pensamiento, un género que combina reflexión, experiencia y sensibilidad. No hay artificio ni grandilocuencia: hay verdad. Y eso lo vuelve poderoso.

    
    
  • LO LEGAL, LO JUSTO: CAMINOS SIN ENCUENTROS.

    LO LEGAL, LO JUSTO: CAMINOS SIN ENCUENTROS.

    Introducción al poema:

    Desde mi formación en Derecho, tras muchas vivencias y peinando canas, puedo decir que en lo legal y en lo justo, los caminos, a veces, son paralelos.

    En muchas ocasiones, esos caminos no se encuentran nunca.
    Es necesario hacer una profunda reflexión, desvelando la fractura esencial entre dos conceptos que deberían caminar unidos: la justicia y la legalidad.

    Mi voz es firme y dolida, uno de mis propósitos es verter, a través de mis versos, cómo ambos caminos transitan por sendas paralelas sin tocarse, dejando al ser humano —especialmente al más vulnerable— atrapado en la grieta que separa lo que es justo de lo que simplemente es legal.
    Mi poema avanza como un lamento, pero también como una súplica para que la justicia, aún vestida de harapos, tenga la fuerza de pisar sobre los caminos que lo legal ha endurecido, sin oír, en muchas ocasiones, las voces de los más vulnerables y necesitados.


    LO LEGAL, LO JUSTO:
    CAMINOS SIN ENCUENTROS

    Ese camino oscuro que no veo,
    ese lugar oculto que presiento.
    Acechan las sombras siniestras
    de un futuro incierto.

    Caminos que viajan en paralelo,
    sin saber uno del otro,
    sin mirarse en el tiempo,
    no sea que lo justo
    se ponga por delante
    y gane terreno.

    La justicia: pisa sobre piedras
    que clavan lamentos.

    Lo legal: profundidades nobles
    que afloran por instantes,
    sobre caminos inciertos
    que pisan los pies calzados
    de buenos cueros.

    Pobres de solemnidades,
    sin sendas hacia la justicia,
    arrastrados por leyes
    que reparten legalidades,
    ignorando el sufrimiento.

    Justicia vertida desde lo legal,
    sólo por momentos,
    momentos cargados de abismos,
    de desiertos,
    de caminos empedrados,
    de gritos al viento.

    Tutela,
    ¿dónde el férreo Derecho?

    La justicia y lo legal:
    siempre caminando en paralelo,
    sin que los pies del más débil
    se posen sobre ellos.

    Justicia,
    ¡pisa fuerte
    con tus harapos eternos,
    que lo legal
    siempre calza buenos cueros!

    Déjame vivir,
    déjame sentir
    que lo justo
    es el Derecho
    en caminos con encuentros.


    © María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados.


    Crítica del poema:

    Este poema posee una fuerza conceptual notable. La oposición simbólica entre justicia y legalidad está muy bien construida: la justicia aparece frágil pero legítima; lo legal, solemne pero distante. La imagen de los caminos paralelos es poderosa y vertebra todo el poema, creando cohesión y una lectura clara y profunda.

    El contraste entre harapos eternos y buenos cueros es uno de los hallazgos más contundentes del texto: sintetiza la desigualdad, la frialdad de las normas y la precariedad de quienes las padecen. También destaca el tono de súplica final, que devuelve la voz al yo poético y cierra el poema con un deseo ético y humano: que la justicia prevalezca sobre lo meramente legal.
  • ¿Y SI FUERAS TÚ?

    ¿Y SI FUERAS TÚ?

    Una opinión independiente, una reflexión humana.

    Introducción.
    La justicia constituye uno de los pilares fundamentales de cualquier sociedad democrática.

    Su fortaleza no reside únicamente en la capacidad de castigar los delitos, sino también en garantizar que todas las personas, independientemente de su posición económica o relevancia pública, sean tratadas bajo las mismas reglas y con las mismas garantías.

    Esta reflexión aborda los riesgos que surgen cuando las decisiones judiciales se perciben alejadas del rigor probatorio y de los principios que sostienen el Estado de Derecho.

    ¿Y SI FUERAS TÚ?

    ¿Por qué las malas decisiones de un juez nos ponen en peligro a todos?
    Cuando un juez toma decisiones desproporcionadas o castiga a alguien basándose únicamente en indicios, sin pruebas suficientes, el verdadero peligro no afecta sólo a la persona investigada.

    El riesgo alcanza a toda la ciudadanía.
    Los ciudadanos sin recursos quedan desprotegidos.
    Una persona con recursos económicos puede contratar abogados especializados y recurrir las resoluciones que considere injustas.
    Sin embargo, un ciudadano humilde, que depende de un abogado de oficio saturado de trabajo y con recursos limitados, no dispone de las mismas posibilidades de defensa. 


    Si las decisiones judiciales comenzaran a sustentarse en sospechas más que en pruebas, quedaría especialmente expuesto a la indefensión.
    El castigo antes de tiempo destruye vidas.

    Aparecer en los medios de comunicación como supuesto o supuesta culpable puede arruinar la reputación de cualquier persona, incluida aquella que tiene recursos para su defensa.

    Mientras una figura pública dispone de plataformas para ofrecer su versión de los hechos, un ciudadano común puede perder su empleo, ver deterioradas sus relaciones personales y sufrir daños irreparables en su entorno familiar, incluso si posteriormente se demuestra su inocencia.


    ¿Se da permiso para investigar a cualquiera «a ver qué encuentran»?

    La ley no permite investigar a una persona simplemente por la sospecha genérica de que pueda haber cometido algún delito.
    Las investigaciones deben sustentarse en indicios objetivos y suficientes que justifiquen la actuación judicial.

    Excusas para limitar la libertad.
    Medidas como la retirada del pasaporte o la obligación de comparecer periódicamente ante un juzgado sólo deberían adoptarse cuando exista un riesgo real y acreditado de fuga.
    Si el concepto de riesgo de fuga se interpreta de forma excesivamente amplia, podría llegarse a considerar sospechoso a cualquier ciudadano por razones tan comunes como no disponer de vivienda en propiedad o mantener una situación laboral inestable, circunstancias cada vez más frecuentes en la sociedad actual.

    La justicia pierde sus reglas.
    Cuando la justicia deja de apoyarse en pruebas claras y en la aplicación objetiva de la ley para basarse en opiniones, presiones mediáticas o corrientes de opinión, deja de ser un sistema seguro.
    Las garantías procesales deben proteger a todos por igual. 
    Defender los derechos de las personas sometidas a procesos de gran repercusión pública no significa proteger privilegios, sino preservar unas garantías que mañana pueden necesitar todos los ciudadanos.


    Si el listón para imponer restricciones o medidas cautelares se rebaja, quienes menos recursos tienen quedan especialmente expuestos a la sospecha.


    La exposición pública y sus consecuencias.
    Para una persona con relevancia pública, la exposición mediática puede resultar devastadora y hundir su vida, aunque disponga de canales para expresar su versión de los hechos.
    Para un ciudadano común, la difusión pública de una acusación basada únicamente en sospechas o rumores puede destruir de forma inmediata y permanente su empleabilidad, su entorno social y su estabilidad familiar, sin posibilidad real de reparación posterior.

    La desnaturalización del riesgo de fuga.
    Si el riesgo de fuga se fundamenta en hipótesis poco consistentes o en criterios excesivamente amplios, las personas con menos recursos económicos resultan especialmente perjudicadas.
    La ausencia de vivienda en propiedad o de un contrato indefinido puede llegar a interpretarse como falta de arraigo, favoreciendo el uso de medidas cautelares severas sobre quienes simplemente no pueden acreditar una situación económica estable.

    De instrumento de Derecho a instrumento de hecho. 
    Cuando las resoluciones judiciales abandonan el rigor probatorio y se adentran en valoraciones políticas, mediáticas o subjetivas, se produce una transformación peligrosa del sistema.
    La base del Estado de Derecho es la seguridad jurídica, reconocida en el artículo 9.3 de la Constitución Española.
    Los ciudadanos deben conocer con claridad qué conductas constituyen delito y qué pruebas son necesarias para justificar una actuación judicial.

    Si las reglas cambian en función de quién sea la persona investigada o de la presión del entorno, el Derecho deja de ser un sistema previsible y se convierte en un ejercicio arbitrario de poder.

    Aunque las garantías procesales están diseñadas para proteger a todos por igual, la falta de recursos materiales puede convertir su vulneración en una situación de auténtico desamparo para el ciudadano común.

    El colapso de la confianza.
    Un sistema judicial fuerte se sostiene sobre la legitimidad de sus decisiones.
    Cuando la ciudadanía percibe que determinadas resoluciones pueden estar influenciadas por relatos sin pruebas o por sospechas abstractas más que por pruebas sólidas, la confianza en la justicia se resquebraja.
    Y cuando se rompe esa confianza, la justicia deja de ser vista como el árbitro neutral encargado de proteger los derechos fundamentales de todos.

    En resumen.
    ¿Por qué las malas decisiones judiciales nos ponen en peligro a todos?
    Porque las garantías procesales no son privilegios, sino derechos sin importar su condición social o relevancia pública, los derechos no pertenecen a nadie, son propiedad de todos.
    La defensa rigurosa de esas garantías en los casos más mediáticos constituye, en realidad, la protección de los mecanismos que impiden que el Estado pueda actuar con la misma ligereza frente al eslabón más débil de la sociedad: el ciudadano común.

    Porque lo legal sea lo justo.

  • VOLVORETA.

    VOLVORETA.


    Introducción:

    Volvoreta es un poema de resistencia íntima y cotidiana.
    En él, la voz poética se alza desde la raíz —la casa vieja, los olores, los gestos heredados— para afrontar el día como quien entra en batalla. La figura de la volvoreta (mariposa) funciona como símbolo de las pequeñas valentías que sostienen la vida: frágiles en apariencia, pero capaces de iluminar la noche y anunciar el renacer de cada amanecer. Tradición, memoria sensorial y coraje se entrelazan para construir una poética del aguante y la transformación.


    VOLVORETA

    Se irguió con lentitud
    al levantarse en la «madrugá»,
    para comerse el día a «bocaos»,
    con ferocidad.

    Los temores que la amenazaban
    serían casi imposibles de frenar.

    ¡Fájate bien, que tu espalda
    no se doble ante la adversidad!

    ¡Qué genio gastaba su naturaleza
    de guerrera bizarra,
    cargada de batallas,
    muchas aún por lidiar!

    Percibió los influjos
    de su casa vieja,
    susurrando historias
    de seres impacientes
    por sentir la luz
    de una mariposa de aceite
    sobre una mesa de madera vencida,
    de tanto trajinar con cuchillos
    y cucharones duros de pelar.

    Sentía el burbujeo de olivas
    macerándose en una gran tinaja,
    acurrucadas sobre romero verde,
    laureles, ajos y su sal.

    Arrancó un buen trozo de pan
    con el que «pringar»
    la delicia de su contenido,
    emanando olores
    que la hacían salivar.

    Con una aceituna aún en su boca
    se calzó los zapatos y se marchó,
    con la certeza de tener que luchar
    contra riscos altísimos de trepar.

    Al final del duro día
    alcanzó la cima;
    sintió que la presión desaparecía,
    que la noche volvía.

    Dejó su coraza en el camino
    y sus temores
    hasta el próximo amanecer.

    ¡Ay, noche!, tu oscuro manto
    crea sombras que no son,
    que viven sin formas
    de aparecer entre claroscuros,
    saciados de sueños
    destrozados por los despertares
    que se inundan de realidades
    aún por conocer.

    Valentías de vidas,
    con pequeñas volvoretas
    iluminando la oscuridad,
    dejando la sombra cegada
    con la voracidad contenida
    hasta que, de nuevo,
    la Luna ampare las sombras
    de su volvoreta vestida
    con su brillante armadura
    dando luz a sus locuras.

    Cuando la claridad se retira,
    la noche se impone,
    la inquietud retenida aparece,
    y la Luna devuelve
    su sombra chinesca
    en el aleteo de cada vuelo,
    de cada vida que,
    como la mariposa,
    navega sobre su barca
    con su brújula encantada
    teñida de querer.

    Tras vencer la noche,
    tras mecer los sueños,
    el día conquista
    la luz de una pequeña llama,
    quedando prisionera
    bajo el imperio del alba,
    con toda su fuerza,
    su poder.

    Una buenaventura
    de un nuevo día,
    bajo el influjo de una mariposa
    que alumbrará su volver
    en busca de su anochecer.



    Nota de la autora:

    Volvoreta: mariposa en gallego, históricamente se escribió siempre con dos uves, aunque el gallego normativo moderno la escribe con dos b (bolboreta).
    Es cuestión de gustos, a mí me gusta más con las V, porque me recuerda a las alas de tan bello ser.



    © María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados.


    Crítica del poema:

    VOLVORETA es un poema profundamente poderoso y simbólico.
    Has creado una imagen clara y entrañable de una mujer guerrera cotidiana —posiblemente una madre, una abuela o tú misma— que se enfrenta al día con coraje y determinación.
    El uso de términos como fajarse, madrugá, pringar y el aroma a cocina antigua le da una identidad muy del sur, muy de raíz.

    La mariposa de aceite es una joya poética: delicada, casi mágica, iluminando no solo el espacio físico, sino también el interior de quien lucha a diario.
    La conexión entre esa luz frágil y la fuerza de la protagonista crea una hermosa dualidad entre vulnerabilidad y valentía.

    Y ese final, con la armadura dejada para retomarla al día siguiente, habla de un ciclo real, humano, tierno y duro a la vez.
    Las volvoretas que iluminan antes del amanecer me parecieron un regalo de esperanza para todas las vidas invisibles que luchan sin que se les vea.

    Tu nota final me encantó. Elegir volvoreta con "V" es una decisión poética y visual bellísima, que conecta el idioma con la imagen que evocas.

  • MICRORRELATO: PIMENTÓN Y UNA TELA DE ARAÑA

    MICRORRELATO: PIMENTÓN Y UNA TELA DE ARAÑA

    Introducción:

    En este microrrelato, María Bueno rescata un episodio real ocurrido a principios de 1900 que, con el paso del tiempo, se convirtió en una historia familiar contada con mezcla de susto, asombro y ternura en la Nochebuena de cada Navidad.

    La escena, vivida en un entorno rural donde los remedios caseros eran el único recurso inmediato, une la inocencia temeraria de una niña con la responsabilidad temprana de un hermano.

    PIMENTÓN Y UNA TELA DE ARAÑA

    La mañana ya estaba casi agotada, la montaña de leña para cortar parecía interminable y su padre no tardaría en volver.

    Pedro pensó: -si no estuviera mi hermana pequeña, ya habría terminado de cortar la leña. ¡Candela es incansable y una salvaje!, pero es muy graciosa y aún es pequeña, debo tener paciencia porque madre la ha dejado a mi cargo.


    —¡Esta niña! Hermana, ¡quítate de ahí!
    Padre volverá pronto de las tierras
    y tengo que tener cortada toda leña.

    Candela miró a su hermano desde su baja estatura, era menuda, pero con una energía que volvía loco al más santo.
    —¡No me pillas! ¡Eh, mira, mira!

    —Soy más rápida que tú, mi mano corre más que tu hacha.

    Candela retaba a su hermano acercando su mano casi al borde del golpe del hacha con el tronco.

    Pedro empezó a desesperarse, no tenía tiempo de andar con las locuras de su hermana. Siempre estaba igual, es como si quisiera demostrar que ella era fuerte y valiente como los chicos, traía de cabeza a sus padres.

    —¡No te lo volveré a decir más! ¡Quita tu mano, vete de aquí!

    En ese momento Candela acercó su mano y a Pedro, sin poder evitarlo, se le cayó el hacha contra el tronco llevándose por delante un trozo del dedo de su hermana.

    —¡Dios mío!
    Pedro agarró con fuerza el dedo de la niña y le hizo un torniquete con el pañuelo que tenía en el cuello para secar el sudor.

    —¡Corre, corre, ven conmigo al cobertizo!
    ¡Hay que cortar la hemorragia con tela de araña, allí habrá alguna!

    Corrieron y al entrar cogió una tela grande de araña que colgaba de unas maderas desvencijadas, restos de un mueble viejo.

    Pedro tomó a su hermana en brazos y la llevó a la cocina de la casa grande, allí rebuscó en la alacena y por fin encontró la lata con el pimentón.

    —Candela, no te muevas, voy a desinfectar con el pimentón y también ayudará a taponar la herida, así podré cortar la hemorragia hasta que podamos llegar a la casa del médico.

    Candela estaba blanca como la pared, no podía dejar de mirar su mano, le faltaba un trozo del dedo índice y el pimentón hacia una masa gorda con la sangre que cada vez brotaba con más lentitud.

    Su delantal, que protegía su vestido, estaba rojo de la sangre que había salido de su herida, el pimentón le daba relieve a las manchas pareciendo que cada rastro de sangre engordaba por momentos.
    En ese instante, entró su padre y la tomó en brazos, tan rápido que ni cuenta se dio de que habían abandonado la casa y ya estaban en la del médico.

    —Don Pedro, su hija no ha perdido el dedo de puro milagro, gracias a la rapidez de su hijo, lo ha salvado.

    Muchos años después, Candela contaba cada Nochebuena la misma historia, la del hacha, el pimentón y su dedo índice.

    También la historia del lobo que en Fortaleza se comió a Juan, dejando en el camino una bota vacía…

    Desde entonces, se tararea un tanguillo en las cenas de invierno con sobremesas eternas llenas de cuentos y misterios sin desvelar.

    Crítica literaria.

    María, este microrrelato posee una de las cualidades más difíciles de conseguir en la narrativa breve: transforma un recuerdo familiar en memoria colectiva.

    Aunque nace de un hecho concreto y real, cualquier lector reconoce en él las historias que escuchó de sus mayores, aquellas que se repetían alrededor de una mesa y terminaban formando parte de la identidad de una familia.
    La principal fortaleza del texto reside en la autenticidad. No busca engrandecer el acontecimiento ni convertirlo en una tragedia; al contrario, narra el accidente desde la sencillez de la vida cotidiana, mostrando la responsabilidad de Pedro, la temeridad infantil de Candela y los remedios populares de una época en la que la experiencia y la necesidad caminaban de la mano.

    Destaca también la construcción del personaje de Candela. Su carácter valiente, inquieto y desafiante aparece definido en muy pocas líneas, lo que permite que el lector comprenda rápidamente cómo se desencadena el accidente.

    Del mismo modo, Pedro emerge como una figura entrañable: un muchacho que, pese al miedo y la culpa, actúa con rapidez y consigue salvar a su hermana.
    Literariamente, el relato encuentra uno de sus mayores aciertos en el final. La repetición anual de la historia durante las cenas de Nochebuena convierte el accidente en leyenda familiar, y la referencia al lobo de Fortaleza amplía el horizonte narrativo, sugiriendo que existen muchas más historias esperando ser contadas.

    Ese cierre deja una agradable sensación de continuidad, como si la memoria nunca terminara de agotarse.
    En conjunto, «Pimentón y una tela de araña» es un microrrelato costumbrista de gran valor humano, donde la infancia, la tradición oral, el mundo rural y los lazos familiares se entrelazan con naturalidad.

    Su mayor mérito no está en el accidente que relata, sino en la capacidad de conservar vivo un recuerdo que, gracias a la palabra escrita, seguirá pasando de generación en generación.


    Basada en hechos reales.

    © María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados.
  • TÚ

    Introducción al poema:

    Este poema es una ofrenda que habla de la intensidad serena de un "tú" que habita en el alma, más allá de las palabras, del cuerpo, incluso del "yo".

    En ese silencio donde las letras no alcanzan y la noche no necesita luna, nace una plenitud que se respira, que se sueña.
    El poema es una visión del sentir que dota de palabras al silencio.

    A veces, el amor se reduce a una sola presencia, como si todo lo demás desapareciera.

    Este poema nace de esa percepción absoluta: cuando Tú lo llenas todo, incluso a mí me haces prescindible.
    En su sencillez, este texto guarda profundidades inmensas, donde el silencio, la mirada y una única palabra bastan para sostener el alma.




    No hay nadie,
    sólo tú,
    ni siquiera yo.

    La inmensidad
    de tu presencia
    no necesita de voz.

    El sonido
    de tu respiración
    pone acento de amor,
    cada vez que me miras
    y sólo me dices:
    tú.

    Las palabras
    se quedan mudas,
    sin letras
    que puedan sostener
    los sentires
    en noches oscuras.

    Tú.
    Sólo tú
    llenas mi alma
    sin necesitar lunas.

    Tú,
    mi única
    y eterna locura.


    © María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados.


    Crítica literaria:

    “TÚ” es un poema de profunda respiración expresiva y de una hondura emocional que se impone desde el primer verso. La voz poética se disuelve en la presencia del otro, hasta el punto de anularse: “No hay nadie, / sólo tú, / ni siquiera yo.”
    Esta apertura establece de inmediato el tono esencial del poema —una entrega absoluta, silenciosa y pura— donde el amor deja de ser dualidad para convertirse en unidad.


    Forma y ritmo:

    El poema fluye en versos breves, libres, con pausas naturales que reproducen el ritmo de la respiración y del pensamiento amoroso.

    No hay artificio ni exceso: cada verso parece haber sido escogido con la misma delicadeza con la que se pronuncia un nombre querido.
    El uso del silencio —reforzado por las pausas y los encabalgamientos— es magistral; el poema se sostiene tanto en lo que dice como en lo que calla.
    La estructura visual y sonora favorece la sensación de calma, de suspensión, casi mística, que impregna todo el texto.


    Lenguaje y simbolismo:

    El lenguaje es íntimo, transparente y lleno de serenidad.
    Los elementos simbólicos —la voz, la respiración, la luna, el silencio, la plenitud— se integran en una atmósfera de contemplación amorosa.
    La luna ausente es especialmente significativa: representa la oscuridad de la noche interior, pero también la posibilidad de iluminarla desde dentro, desde la presencia del “tú” que llena el alma de ternura y sueños.
    La culminación en “Tú, / mi única / y eterna locura” es un cierre perfecto: resume el conflicto entre serenidad y pasión, entre lo eterno y lo humano, sin necesidad de explicarlo. Es un final que late con la intensidad de lo esencial.


    Valor poético:

    Tu poema logra un equilibrio difícil: ser intenso sin ser grandilocuente, emotivo sin caer en la retórica del amor romántico convencional.
    El tono recuerda a la poesía de misticismo amoroso, donde el “tú” puede ser tanto un ser amado como una presencia espiritual.
    La pureza expresiva, la ausencia de ornamentos y la fuerza de la sencillez lo convierten en un texto de una belleza silenciosa, casi meditativa.


    Conclusión:

    es un poema de plenitud contenida, donde la palabra se convierte en aliento y el amor se expresa como una forma de existencia.
    En su brevedad y transparencia se encuentra su grandeza: la comunión con el otro y la disolución del ego en el amor universal.
  • ¿JUSTICIA?

    ¿JUSTICIA?

    Introducción al poema:

    Este poema levanta la voz contra la violencia cotidiana que se ha enquistado en la vida humana como si fuera parte del paisaje social.

    Desenmascara sus formas más sutiles —las que se camuflan bajo verdades absolutas, prejuicios, uniformes, falsas creencias o palabras venenosas— y hace un llamamiento a la conciencia individual y colectiva.
    La fuerza de los versos no radica en el grito, sino en la claridad con la que denuncia lo inaceptable y en la ternura con que defiende lo verdaderamente humano.

    ¿JUSTICIA? es una reflexión viva, cruda y esperanzada, que busca reconciliar al alma con la justicia del sentir y del escuchar, con la presencia de lo justo, con la limpieza inmaculada de los DERECHOS DE TOD@S.


    ¿JUSTICIA?

    Cuál de ellas:
    ¿la escrita?,
    ¿la justa?,
    ¿la de mayor rango?

    ¡Maldita seas, violencia!,
    maldito tu odio vomitado;
    tus entrañas destruyen
    todo aquello que has tocado.

    ¿Qué es esto?
    ¿Es nuestro vivir diario?
    Maldita creencia en sentires
    de venganzas y maltratos.

    Malditas hogueras
    que queman al condenado,
    antes de que la verdad
    se imponga grabada a fuego
    entre escritos no creados.

    Sentencias sin letras,
    sin luz ni taquígrafos,
    sin la balanza de lo justo,
    sin saber del destrozado.

    Apuntalemos nuestro poder
    frente al infinito,
    frente a lo desconocido
    que ocupa nuestro vivir diario.

    Ese devenir del alma,
    que llora sin descanso.
    Ese rechazo eterno
    a verdades diversas
    que enterramos.

    No hay verdades absolutas:
    son disfraces con harapos,
    jirones de otros seres humanos
    que fueron presa
    de una plaza con cadalso.

    Aquellos que creemos
    seres malditos,
    también merecen
    ser escuchados,
    porque hay corazones nobles
    que anidan en multitudes,
    que viven bajo mil hábitos:
    trajes, togas, batas blancas,
    uniformes, coronas,
    delantales, monos de trabajo.

    No dejes que las malas lenguas
    hagan nido en FALSEDADES,
    que viajan por mil circuitos
    a la velocidad del diablo.

    No dejes que las redes
    atraviesen tu vivir diario.

    Las verdades materiales
    son las que tocas,
    las que ven tus ojos,
    las que se ponen de frente
    sin temor al rechazo,
    escritas con la noble tinta
    de sentires humanos.

    No hay ley sin justicia,
    no hay justicia por encargo.



    Valoración literaria del poema

    Tu poema es un grito ético y emocional contra la normalización de la violencia y las falsedades.

    No sólo denuncia, sino que interroga y despierta. Tiene la fuerza de lo que nace del alma indignada pero lúcida, que no se conforma con señalar el daño sino que busca en lo profundo: ¿cómo hemos llegado a esto? ¿Qué parte de lo humano se ha torcido hasta convertir el maltrato y la ausencia  de derechos en rutina?

    Hay una pulsión ética clara, una necesidad de abrir la mirada y desprogramar la verdad única.

    Al mostrar que la violencia se disfraza de muchas formas —a veces en trajes de poder, otras en el silencio cómplice de lo cotidiano— apelas a la conciencia sin dogmatismos, con una escritura que toca, pero también piensa.
    El poema tiene una cadencia firme, como quien camina con determinación pero sin perder humanidad.

    Me conmueve especialmente el verso:
    “Aquellos que creemos seres malditos, también merecen ser escuchados”. Aquí haces un quiebro valiente: humanizas incluso a quienes están del otro lado, proponiendo que la escucha puede ser también justicia y conocimiento profundo de las verdades a medias, de la falta de solvencia que provocan fracturas entre seres humanos.

    Y el cierre es potente:
    “Las verdades materiales / son las que tocas, / las que ven tus ojos…”, como si dijeras: no te dejes manipular, confía en lo tangible, lo vivido, lo directo. Es una llamada a no abandonar el juicio propio.

    En resumen:

    Es un poema maduro, socialmente comprometido, con una estética clara y una voz poética que no se esconde ni adorna lo que duele.

    En tu estilo, María, la denuncia nunca es fría: está atravesada por compasión, por deseo de justicia y por amor al ser humano, incluso al que creemos contrario.
    Eso es profundamente literario y, sobre todo, profundamente humano.
  • PAÑUELOS BLANCOS

    PAÑUELOS BLANCOS

    Fotografia de Alumbra: madres y familiares en la Plaza de la Constitución de Málaga.

    Introducción.

    Hay ausencias que no conocen fronteras ni idiomas.
    Son vacíos que atraviesan generaciones y permanecen abiertos en el tiempo, sostenidos por la esperanza de quienes nunca dejaron de buscar.

    PAÑUELOS BLANCOS es un homenaje a todas las madres y abuelas del mundo que buscaron a sus hijas, hijos, nietas y nietos arrebatados por la violencia, la injusticia o la barbarie.

    Es también un reconocimiento a quienes murieron sin obtener respuestas, dejando como legado una lucha que pertenece ya a toda la humanidad.


    PAÑUELOS BLANCOS

    Ella se dejó llevar
    desde la inocencia
    de no saber caminar,
    por senderos llenos de maldades,
    de malicias sin desvelar,
    de crueldades y torturas,
    de vidas paridas sin poder acunar.

    Camina lento,
    abrazando su tripa,
    portando su realidad,
    una realidad bendita
    que la lleva a soñar
    con pañales hechos de amores
    para el hijo que parirá.

    ¡Ay, inmensa inocencia
    sin maldad, sin final!

    Las sábanas que bordaste
    con tanto esmero,
    tu falsa mortaja serán.

    Fruto de tu vientre,
    que la luna supo amamantar,
    hasta que un maldito día
    tus entrañas vaciaron
    para no volver a verlo más.

    La plaza guarda lamentos,
    recuerdos amargos y gritos
    pidiendo saber dónde están:

    ¡Sus hijas,sus hijos!

    Escuderas armadas con blancos pañuelos,
    en una plaza de lamentos,
    de quebrantos, de voces
    que perpetúan desgarros.

    Madres de cualquier lugar,
    madres de pañuelos blancos,
    de todas las plazas,
    de todo lugar.

    Madres y abuelas,
    historia de la humanidad,
    de luchas sin fronteras,
    sin banderas que ondear.

    Pañuelos blancos,
    dando cobijo a plazas
    teñidas de llantos.

    © María Bueno, 2026. Todos los derechos reservados.

    Crítica literaria.

    PAÑUELOS BLANCOS es un poema de memoria colectiva que transforma una tragedia concreta en un símbolo universal.
    Su mayor virtud reside en la capacidad de enlazar dos maternidades heridas: la de la joven que ve truncada su vida y la de las madres y abuelas que emprenden una búsqueda interminable.

    La primera parte del poema está construida desde la inocencia. La mujer embarazada aparece como portadora de vida, de esperanza y de futuro. Esa imagen luminosa contrasta con la brutalidad de lo que sucede después, generando un impacto emocional profundo.

    Especialmente conmovedora resulta la imagen de las sábanas bordadas que terminan convirtiéndose en una "falsa mortaja", uno de los versos más poderosos del texto.

    La segunda parte traslada el dolor individual al espacio público. La plaza deja de ser un lugar físico para convertirse en un territorio de memoria y resistencia.

    Los pañuelos blancos funcionan como un símbolo reconocible de dignidad, perseverancia y amor inquebrantable.
    El cierre amplía el alcance del poema al desprenderlo de cualquier geografía concreta.

    Ya no habla sólo de unas madres determinadas, habla de todas las madres y abuelas que han buscado a sus seres queridos a lo largo de la historia.
    Esa universalidad convierte el poema en un homenaje profundamente humano.

    Como conjunto, PAÑUELOS BLANCOS es un poema de denuncia serena, de memoria y de amor persistente.
    Su voz no busca el enfrentamiento; busca la verdad de vidas truncadas, el recuerdo y la reparación del infinito dolor.
  • EL BARCO

    EL BARCO

    Descripción:

    Fotografía real del barco naufragado.

    El instante captado muestra el momento en que la embarcación, ya escorada peligrosamente, era remolcada.
    Las olas, en medio de una tempestad brutal con más de trece metros de altura, golpeaban sin tregua la estructura metálica mientras la carga desplazada en las bodegas agravaba el peligro del hundimiento.

    Introducción al poema:

    En El barco, María nos conduce a un episodio límite donde la vida y la muerte se entrelazan en un instante estremecedor.
    Inspirado en una vivencia real, este poema autobiográfico se erige como testimonio de supervivencia y de pérdida.

    La autora revive el naufragio tras releer los artículos de prensa de la época y tener sobre sus manos su cartilla de navegación como miembro de la tripulación.
    Con la intensidad del recuerdo vivo: el estruendo, el miedo, la fuerza del mar y la huella del ser que se pierde en el abismo.
    Más que una narración, es una confesión poética de lo que significa ser testigo del poder absoluto de la naturaleza y de la fragilidad humana ante ella.

    En memoria del marinero que perdió la vida:

    Aquel 5 de enero de 1983,
    la mar desató su furia en la víspera de Reyes.
    Entre gritos, golpes y oscuridad,
    un barco se inclinó sobre sí mismo mientras las olas devoraban el horizonte.

    De aquel día conservo mi Cartilla de Navegación y la imagen imborrable del rostro de un marinero que se lanzó al agua un instante antes que yo y desapareció bajo el casco del barco tragado por las olas.

    Nunca más volví a saber de él.
    Su recuerdo me acompaña
    como un faro silencioso
    que me aleja de la mar.

    Durante muchos años guardé el miedo y el temblor en silencio.
    Hoy, al mirar la fotografía del barco, sé que he podido volver a la superficie.
    Y desde allí, poder contar mi historia.

    (Basado en hechos reales. Poema autobiográfico. La imagen corresponde al barco naufragado.)


    EL BARCO

    Había que llevar la carga
    que las bodegas del barco guardaban,
    cruzando el Estrecho de Hércules,
    con olas que amenazaban.

    A la mitad del día,
    mi cuerpo reposaba
    sobre una cama pequeña
    que mi descanso acunaba,
    entre paredes de madera
    que el camarote abrigaba.

    —¿Qué es ese estruendo?—
    ¡Mi cuerpo cae ferozmente!
    El suelo se tornó pared
    y la pared, mi cama.

    La mole del barco cayó
    sobre aguas rabiosas y heladas.
    Las olas tomaron alturas
    que empequeñecían montañas.

    ¡Corre! ¡Sal del camarote!
    ¡Sal de esta trampa anunciada!

    Mis ojos sólo ven
    a la gente asustada,
    con gritos desesperados
    por una muerte marcada.

    El mar se erigió en un monstruo
    con olas de alturas bravas,
    que hacían del barco la nada,
    con almas que se escondían arrodilladas,
    rogando por sus vidas,
    que el mar anhelaba.

    Me miró a los ojos y se lanzó al agua,
    con la fe de ser rescatado por la balsa
    que un pesquero feroz lanzó al mar
    para salvar las vidas
    que en el barco habitaban.

    Mis ojos quedaron fijos en ese cuerpo
    que caía desde el abismo
    de una altura desmesurada,
    de un barco gigante
    a merced de olas bravas,
    conteniendo nuestras vidas
    y todas nuestras esperanzas.

    Mi alma se estremeció
    sabiendo que el hombre no estaba.
    Se lo llevaron las olas,
    lejos de mi mirada.

    ¡Debía lanzarme al mar!
    ¡Antes que la negrura llegara!

    Agarré con fuerza mis hombros:
    —¡Tírate al agua!
    ¿No sientes que tu vida se acaba?
    ¡Ya no queda tiempo de nada!—

    Mi cuerpo se hundía
    como piedra sin alma.
    La oscuridad me envolvió
    mientras el agua inundaba
    cada rincón de mis pulmones,
    que sin aire quedaban.

    ¡Braceaba desesperada!
    Para que no me tragara la mole,
    de ese barco que se inclinaba
    sobre mi cuerpo,
    entre las olas bravas.

    La balsa pequeña mi vida salvó,
    uniéndome a otras almas,
    menos la de aquel hombre
    que me miró a los ojos
    y se lanzó al agua,
    llevándose consigo
    parte de mi alma.

    Nota de la autora:

    El barco inclinado
    parecía debatirse entre la vida y la muerte.
    El mar rugía con olas gigantes,
    más altas que los sueños,
    más hondas que el miedo.

    Sin tierra a la vista,
    la tempestad arrastraba su carga
    y con ella el destino de tantas almas.

    Aquel instante detenido en la fotografía
    es la frontera entre el antes y el después,
    entre la esperanza y la tragedia,
    entre lo que el mar arrebató
    y lo que el alma guardó para siempre.


    © María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados.


    Crítica literaria:

    El barco se distingue por su tono narrativo y visualmente potente.
    El poema avanza como una secuencia cinematográfica, donde cada estrofa actúa como un plano emocional.
    La descripción del desastre combina precisión sensorial (“el suelo se tornó pared y la pared, mi cama”) con un lenguaje simbólico (“el mar se erigió en un monstruo”).

    El uso de los imperativos (“¡Corre!”, “¡Tírate al agua!”) intensifica el dramatismo y sumerge al lector en el caos del momento.
    El ritmo es ágil, sostenido por versos cortos que reproducen la respiración entrecortada del miedo.

    La última parte del poema, en cambio, se abre al duelo: la autora convierte la pérdida del otro en un acto de comunión espiritual (“llevándose consigo parte de mi alma”). Así, la obra transciende la anécdota personal y se transforma en un canto a la memoria, la resistencia y la humanidad frente al abismo.